sábado, 23 de abril de 2011

MI garage es un quilombo



Cada vez que miro el garage de mi casa me acuerdo del cuento de Rozenmacher, de “Cabecita negra”. Entre las metamorfosis que puede llevar a cabo la expresión, creo que es la única que podría recordar.
La canción de Rodrigo se escucha. Ni siquiera; se baila (y detesto bailar, mis festejos siempre son temáticos y con la misma consigna: fiesta de sillas de ruedas). No se recuerda.
La telenovela se recuerda pero en su sinécdoque de Agustina Cherri, es decir, de Mili, o de sobrina ciega de grande pa, casi nunca por el color, efectivamente oscurísimo, de sus pelos.
Pensar en el mote antiperonista, sería volverse gorila por un rato. Prefiero guardar mi dosis de reaccionario recalcitrante para cosas mejores.
También suelo optar por el olvido cuando de mi dirección de correo electrónico se trata, y ni se me ocurre que hay dos palabras en latín que se acercan, vaya a saber uno por dónde, a aquel concepto. La realidad es que tampoco hay dos palabras, hay una secuencia de letras: atercapillus.
La media docena de pájaros que habitaron las jaulas de la infancia no existen (Una vez, de chico, encontré en la calle un pajarito y lo agarré en la mano. Un diamante mandarín, me contaron después. Y llevé el pajarito con pinta de enfermo a casa, le puse alpiste y mucha agua. De todas formas, al día siguiente apareció muerto. Ese fu mi primer contacto con la muerte, los pájaros más viejos, los que tuve antes, siempre se habían escapado y repetían la sana costumbre de no cerrar la puerta…).

Decía que me acordaba del cuento, de la biblioteca decorativa del Señor Lanari. Eso porque el garage está lleno de porquerías inútiles, como los libros de tapa dura que el personaje nunca había leído ni pensaba leer. La mayor parte del tiempo (del tiempo conmigo dentro, claro, desde que vivo en esta casa mucho más vieja que yo) ocupado por una porquería más grande que el resto. Un Taunus ’79, azul noche, cuatro puertas, hecho a nuevo, pero sin armar, un auto que no andaba y que no salía nunca de ahí, el primer auto de la historia que tenía fines meramente lingüísticos: quieto, eternizaba el nombre de la cochera, solidario (o tirano), no la abandonaba nunca, temiendo que aquélla dejara de existir.* Da la casualidad que había un amigo de mi papá que tenía un Taunus también, de la misma manera llamativo, pero por sus ruedas enormes, como si hubieran lavado el resto del auto con agua muy caliente para que se achique. La existencia de dos Taunus llamativos equivale a la de dos 147 llamativos. Y, como si fuera poco, este tipo de rodado 21 también se apellidaba, como nadie más que yo conociera, Lanari. La relación, práctica y simbólica, entre garage y biblioteca era justificadísima e ineludible…

* Iba a escribir mueble en lugar de “aquella”, de cochera. Pero el axioma no es reversible. El axioma que asegura que un mueble, como su calidad, se define por lo que tiene adentro, desde una alacena hasta una cama. Considerar al garage como mueble, haría tambalear la prueba de calidad: la mejor comida enaltece, incluso en frases hechas, la precariedad de cualquier tablón; sin embargo, me cuesta pensar que si voy a visitar a un pariente millonario, cuando guardo el fitito estoy degradando el garage, no es tan directa la relación. El más osado de los muebles sería la casa, contenedora de personas: se puede ser de buena casa por más que uno viva en un ranchito.   

… hace unos meses se llevaron el auto que tanto sabía por viejo: el garage sigue lleno de porquerías, ahora es depósito o galpón, mientras dos autos en la vereda no entran nunca. A saber: bolsas llenas de zapatillas agujereadas, herramientas para madera, cemento y metales, un cuadro pintado hace tres años y que no conoce lo que es colgar de una pared, una pelota de fútbol, una de básquet, una de handball, una de rugby, látex y sintético, rojos, verdes, blancos, marrones y violetas, aguarrás, trapos, bolsas, alimentos no perecederos vencidos, productos de limpieza y me cansé. Una suerte de Makro a pequeña escala que nunca tuvo intenciones de vender nada.

¡¿ Con qué necesidad!?

Guardar: pisarla contra el banderín del córner. Sacar del medio pero no tanto. Ordenar y dejar al alcance para uso más o menos habitual.

Archivar: patearla afuera y meterla en el vestuario. Exagerar el guardado haciendo hincapié en el carácter poco habitual del uso y en el orden estricto que facilite el hallazgo.

Garagear: pinchar la pelota y dejarla dentro del arco. Acumular pensando que se quita del camino, al tiempo que se cree fervientemente en la utopía de un uso futuro. No necesariamente debe existir un garage.


Suelo pensar, sin un ápice de imaginación, en el efecto de una carencia anterior, en el recuerdo de la ausencia y en las precauciones, estúpidas, para evitar una nueva. Como quien se niega a tirar juguetes de cuando era chico. Perdón, alguien tiene que decírselo: estás cagado, cuando el cuerpo se te vuelva a achicar, el oso Teddy no te va a devolver la mancha patas largas. En mi caso estoy seguro de que es así, pero me parece también que es un vicio un tanto más generalizado. Un trauma de clase media resucitada.
Cuando Bourdieu habla de hábitos de clase, señala cuestiones de efecto en término de costo-beneficio. La piojosa clase baja procurará hacer rendir su miseria: el máximo de efecto por el menor costo. Al revés, los reconchetísimos Beckham’s derrocharán sus morlacos en detalles prácticamente imperceptibles: compran anillos de oro enchapados en alumino. No hace falta ser un intelectual francés para darse cuenta, ni limitar las observaciones al espectro de las artes, como preferiría uno en ese caso. Cualquiera puede notar la distancia abismal entre un suculento plato de polenta y un gourmette bocadito de caviar, entre una puñalada de Tramontina (trucho, brasilero) y una bomba tirada al mar (perdón por hacerte pensar en León Gieco, oh, inexistente lector). Ergo, Rosas era muy pobre.
En la lógica piramidal, la medianía sería el equilibrio de todas las variables graduales, también para Bourdieu. Bueno, en este caso no. El efecto resulta aún menor que el de cualquier cajetilla, se pasa de rosca y se vuelve defecto. O sea, hay efecto, pero contra la voluntad y/o el beneficio del actante. Llegado este punto se prende la alarma. Anagnórisis: juntar cosas con pretensiones de que alguna vez sirvan para algo, negando ciegamente el mero amontonamiento, la nula posibilidad de aprovechamiento y la inconveniencia que el yenga de residuos implica (Gibson y sus islas construidas enteramente de basura y restos obsoletos de civilización, imagen bastante útil para pensar todo lo anterior si me hubiera dado cuenta al principio), se parece bastante a este texto. Mejor me callo.  

miércoles, 13 de abril de 2011

Biografías II

JONY

I
Él no tiene idea que es el Jony. Qué es el Jony…

II
…y camina descalzo, despacio, sin apuro. Ya ni eso. Jony patea piedras y levanta polvo, hace un ruido molesto en vez de escuchar la tranquilidad del agua que llueve, de los villancicos de todas las ventanas, de los grillos.

III
Tampoco tiene un tren eléctrico Jony. No tiene ton, no tiene son, tampoco voz, no tiene rol, no tiene blog, no wock, ni tos, pop, dios… ¿qué tal tú? u? U?

IV
Jony no practica conocimiento alguno: ni de Kezia ni de su bella Emilia; ni de Oleg Salenko, ni de a un gol siquiera, ni de aguas ni cataratas, ni de Whitman.

V
Sin quererlo. Alguien anuncia su presencia. Pura coincidencia. Así, solamente, se sabe de Jony en el festejo, y se lo saca, por supuesto.

Ella

Le abrieron la puerta y ella empezó a taconear finito, finito en un espacio grande.
 No importa cuándo, una vida para recorrerlo.

Pasillo verde:
Divina, a pesar de la panza enorme, de los ocho meses y medio, compra:
-         Sandalias para los pies hinchados, y para después
-         Remeras exclusivas de Florida, como las que compró en París, como las que piensa comprar en Hong Kong: todas con inscripciones de un amor sajón
-          Otras remeras, para regalo
-         Y luego el abrigo, los guantes, las botas,
 los tapados de piel, siempre,
los lentes
de sol.

Pasillo amarillo:
-         Cremas para el sol y para el frío
-         Loción para después de afeitarse las cejas
-         Sombras  rubias y mantecas de cacao
sin grasas
-         Máscaras, más caras
Que rascan y sacan
Caras
sacras .


Pasillo rojo:

Tal vez más ligero, con la cabeza baja:
 no piensa comprar libros.
Contracción,
 entre el meñique derecho y un pómulo
se retuerce y
escupe el hijo
( en ese viaje vertical y viscoso,
 Inmundo,
alcanza a ver algo distinto,
Vértigo,
Suficiente para arrepentirse de salir)   líquido.
De nariz al piso,
El primer hueso roto,
De cuello quebrado y tanta sangre de adentro
Como de afuera.
Los ojos siempre cerrados y medio llanto, seco.
De sobrepique,
 de volea,
mamá se llena el empeine
Con ese proyectito de pecho.
Y respira
 (el recién casi nacido no).
Antes de sacarse los zapatos sucios, tira algunas
De las remeras baratas en el piso
Y da indicaciones para que limpien.
Ahora renquea, entre los pasillos,
Y se hace tarde.

Pasillo rosa:
Lo rengo se matiza en lo liviano.
Se disimula del todo en la foto:
De nuevo flaca,
Sonríe,
Y perdura.
Después consigue, también, una cámara filmadora.
Todo listo para volver,
 hecha una reina:
Seis kilos menos,
ropa,
 presentes

Y una anécdota.

Pasillo azul: 
Toma una coca fría
 y espera que alguien le saque su boleto de avión.





Gregorio

La primera ola ya se había secado para entonces. Y eso que Gregorio se levantaba a las tres de la mañana.
Cambiaba de barco más a menudo que de polera,  gris.


Cacho

Un agosto lo anotaron con muchos nombres. Un febrero lo bautizaron con otros tantos.
Pero en verdad se llama Cacho. 
Para aquel septiembre podía leer dos páginas de corrido. Se quedaba sin aire, claro, pero contento. 
Algún enero más incierto olvidó cómo caerse de la bicicleta. Cada tanto se acuerda, pero sin querer.
 Dieciséis marzos le trajeron varios sustantivos: un almacén, un hotel, un bolso con diarios de sílabas estiradas, monedas.

Antes, un octubre lo había encontrado como el último de todos: con pantalones largos. Sin Goyeneche y poco mate, ni Dostoievski ni Fogwill, dulce de leche a cucharadas y tres duchas por semana.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La libertad es una buena idea


  
80tas: Instrucción cívica





Apuntes útiles:

       Preguntas de examen:
-          ¿Qué importa? La seguridad.
-          ¿Cuál es el número que gira? El cero, porque es redondo.
-          ¿Quién es el número que gira? El desaparecido: ni muerto, ni vivo, no es = 0.
-          30.000 x 0= 0
-          ¿Dónde está? En Europa, evidentemente.
-          ¿Qué es la felicidad? El predicativo de un verbo que siempre se conjuga en pretérito perfecto.

       Dudas (consultar Manuel de historia):
-          Más vale tener complejos de voz que de escritura
-          La inconsciencia es el único estado que otorga tranquilidad
-          ¿Hoy no desaparece gente porque ya nadie juega a la escondida?



90tas: Bersuit Vergarabat





Nunca más (volverán a escribir las estrofas más tristes del rock nacional*)**:


Y el nylon abrió
Sus alas por mí
Y ahora ves sólo viento.
Y el nylon abrió
Sus alas en mí.

Tu cara se borra,
Se tiñe de gris,
Serás una piedra sola.
Te desprendes de mí,
Yo me quedo en vos.

Ya mis ojos son barro
En la inundación,
Que crece, decrece,
Aparece
Y se va.

Ya mis ojos son barro,
Barro.


* Ni  tristes, ni estrofas (sólo estribillos), ni rock. Lo nacional, no sé, queda a su criterio: La argentinidad al palo.
** Nace otra encuesta.

Paradoja: serás la piedra sola: del cráneo limpito de ideas, sola sin cuervo, sin pellejo, sin vida ; no serás la piedra sola: que se llama RIP, porque tal vez  te tocó compartir la fosa (y  un campo de tierra negra: debajo de eso un montón de piedras solas; arriba, ninguna), a lo mejor  te tocó el agua. Ser y no ser, siempre la misma cuestión.

Curiosidad: Bersuit parece recoger el  guante de Sui Generis (dictadura y menemismo mediantes). En el plan de rasguñar piedras y de excavar, de revolver  tierra, cuerpos y tiempo. De llorar. Sobre todo se acerca a aquellos versos vivos y censurados de Instituciones: “pero es que ya me harté/ de esta libertad/ yo no quiero más padres/ que acaricien mi espalda/ soy un hombre que quiere andar/ sin pedir permiso para ir a llorar” (¿quién puede pensar que son versos más censurables que “cuando el Sol me viene a buscar/ a llevar mis huesos al justo lugar”?). El hartazgo terminó en Libertinaje y, sin preocuparse por la vigilancia paterna, el chico hace a su antojo: se llena de barro hasta las orejas.

2000les: Fútbol





Beto mata por gusto, Beto no mata por susto


Palabra: un plan de reorganización que se jacte de tal no puede olvidarse de acomodar cada detalle. Una palabra es un detalle y la dictadura es orden, es sintaxis: la palabra madre sale de la cocina, la palabra fútbol queda en offside. La dictadura no es semántica, no tiene nada que ver con el sentido. Sin embargo, el sentido también cambia.


               Madre: madre es madre y más, tal vez porque tiene varios hijos. Y si se piensa en plural se potencia. Madres: reclamo, persistencia y un dolor que minimiza el parto, coraje, un pañuelo blanco lejos de rendirse, madre, madre, madre…
Negrita y subrayado: como dice una blonda conductora de la tv suiza: no estás cambiando una palabra, estás cambiando toodaaas: cuando madre no es madre, un hijo necesita confirmar que es natural (y ya no se trata de que Domínguez no sea hijo de Domingo, aunque se pone de manifiesto) y una abuela deja de ser la mujer que tiene un nieto para pasar a ser aquella que lo busca. Madre, madre, madre…

             Fútbol: la tradición de deporte cívico-militar existía, pero no por estos pagos. Pienso en el mundial del `34 y en el estímulo del Duce para su azulina squadra:

Mussolini- Muchachos, vengo a avisarles que hay premio si salen campeones…
Fulbolista- Uh, que buena noticia, jefe –frotándose las manos-.
Brad Pitt- Bongiorno.
F- Pero diga cuál. Déle, no sea así, diga cuál…
M- Los dejo vivir…

En Ecuador, que la pelota no doble nunca impidió que se jugara balompié, ni que las fuerzas armadas tuviesen su equipo (el sugestivo club El Nacional).

Pero hubo que esperar hasta finales de los setenta para que un diccionario rioplatense entienda que fútbol y cortina de humo se aceptan como expresiones intercambiables.  




Anexos:


Epígrafe rezagado: “No sé qué es lo que quieres, pero el miedo ya no tiene para dar nada más” - Manuel Moretti, Paul Klee, inédito…

GPS de Víctor Uribe: Recalculando: Madre es Madres/ Padre es Papá/ hijo es HIJOS…


Espacio publicitario: Auspició y tituló este segmento musical, Heladerías del tiempo, de Frankie Langdon y asociados… 

miércoles, 16 de marzo de 2011

Y yo me creía un monstruo


Tengo un problema con el calendario. No me voy a asustar por no saber exactamente en qué día estoy, varias veces escribí mal la fecha. Y no el día, el año. Por eso cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo apenas atiné a reírme y considerarme un estúpido. Lo que estaba haciendo: proyectaba un post en alusión al 24 de marzo, pero creyendo que era el jueves de esta semana. Probablemente por eso tuviera una sensibilidad especial para percibir expresiones gorilas. En realidad eran expresiones estegosaurias, kilométricas y con escamas, que se veían a dos cuadras de distancia.
Aclaración: en estos últimos meses, escribir cualquier cosa implica para mí explotar los ratos muertos en el laburo, minimizar el programa de adición y maximizar el Word.
Maximizo entonces. Es en estas circunstancias que puede pasar lo que pasó, mientras vos mantenés la vista fija en el monitor, aparece un extraño y se le acerca a otro tipo del montón, siempre proclamando a viva voz: “¡¿cuándo va a aparecer un caudillo que ponga orden de nuevo?!”. Cualquier similitud con una canción de Charly García, es pura coincidencia.  Siento miedo, de verdad me dan escalofríos, doy vuelta la cabeza pero no me animo a mirarlo a los ojos. Sí, tal vez sea un tanto exagerado, pero también puede ser que, en esas palabras, intuya todas las otras que están por venir. 
Hago de cuenta que no escuché nada y sigo con mi desfasado propósito, aunque con más esmero. Unos días antes había intentado empezar otro post (hasta tenía la primera oración a punto: Entre un recital de Santiago Motorizado y el gordo Gastón Leandro cantando Amor pirata no puede haber sólo una semana de distancia, fue lo que supe de inmediato y necesité corroborarlo por mensaje de texto.), pero no había logrado terminar el primer párrafo, como me habían quedado a medio hacer un par de cuentos. No quería que me pasara eso esta vez, me pareció que merecía un mínimo de respeto, por eso le ponía ganas. Lo estaba haciendo bien, como para llegar hasta el final.
Por primera vez en mi vida iba a tener algo listo con una semana de anticipación (sin saberlo, claro, esa es la clave de la responsabilidad) y, como si eso fuera poco, llegaban nuevos clientes para darme ánimos con cánticos del tipo: “esto es un desastre, sí, ni me lo digas, yo ya lo viví con Perón”. Insisto, era otra gente eh, no el mismo tipo asqueroso del principio.
Cuando consigo desconectar la cabeza, entiendo que el síndrome de King Kong es como la gripe A y que nadie tenía un maldito barbijo: la mesa de junto respondía amistosamente, con la misma indignación de perfume transatlántico.
No puedo evitar el recuerdo de Insmouth, de Imboca, revestimientos y muebles, puertas de madera, engendros gregarios que apestan en verdes. Los ojos que no pestañean, las bocas de pescado y ese olor tan característico. Hablo de impresiones nada más, nunca creí posible una escena sobrenatural en un local ubicado en pleno centro -por esos lugares, más que en cualquier otra parte, rige la razón-, pero cuando los cuatro viejos (los dos de bigotes más prominentes y mejor recortados parecen hombres, las dos restantes, acaso, sus ¿señoras?) se paran y rodean la mesa contigua, en algún lugar del planeta, Darío Argento se siente plagiado: imposible mejorar la foto del aquelarre.
A ver si llego al punto. Planteado así parecería lo que escribo tan prejuicioso como lo que escucho y la diferencia radicaría simplemente en pararse de un lado o del otro. No es tan fácil. ¿Querés criticar al gobierno de turno, te sobran motivos? Hacelo, dale, fenómeno, de eso se trata. Pero defender el fraude electoral, restringir el derecho al voto, sentarte en la cabeza de un pobre infeliz porque está más calentita que el piso y vos estás cansado…
Esa parte no la conté: “nosotros hacíamos votar a los muertos” comenta juguetón uno de los tipos no sentados (y se desprende un plan infalible: si hay que jugar con sus reglas, si los difuntos no pueden elegir quien los represente, será cuestión de matarlos entonces). “Ahora votan por un pancho y una coca”, consiente otro desde abajo mientras mastica su bife de lomo al champignon. Sí, habla con la boca llena, y al darse cuenta de lo feo que queda junta los labios y completa la frase con los ojos: no podemos dejar votar a la gente con hambre.
No me juzgue, inexistente lector, no ando husmeando en conversaciones ajenas, es sencillamente inevitable no escucharlos, hablan con voz fuerte y clara y el lugar se encuentra prácticamente vacío. Eso me llama aún más la atención, la concentración. Entre un millón de personas no resultaría tan raro, de hecho sería probable, encontrar diez ejemplares primates de tan excelsa calidad, pero entre veinte parece demasiada (mala) suerte.
Improviso una explicación, ya dije que por esas cuadras impera la racionalidad. No puede entenderse como resultado de sus hábitos de clase, de manejarse siempre en círculos reducidos. No Bourdieau, te digo que no. Quizás hoy se celebre la festividad de Santa Cecilia Pando y todos ellos hayan tenido asueto en sus respectivos trabajos. Eso parece viable, si los judíos tienen Hanukkah y los católicos Pascua, si existe el día de la madre y el del padre, por qué no pueden tener ellos un feriado de la memoria completa cuando el 24 no trabajan los montoneros. Seguramente sea así, el hecho del feriado puente del 25 no hace más que remarcar la voluntad de los dos sectores por compartir algo, por sostener lo que queda de protocolo.
De haber esperado un poco, me habría ahorrado los esfuerzos de pensar y de escribir un párrafo falso: El grupo de gerontes saluda para retirarse y dice “un gusto”, los del trío sentado, muy educados ellos, preguntan hasta cuándo se quedan, todos evidencian estar de vacaciones. Pero qué mal estamos, retoman el rezongo de la inflación ahora. Y del clima, antes no teníamos días de lluvia. Esperemos que nos toquen días lindos -todavía no pude sacar el bronceador del bolso- aunque si siguen votando como en Catamarca, lo dudo. La vieja menos vieja de todas, pero la más chota sin dudas, tranquiliza al resto: bueno…. pero es Catamarca…
Desde una mesa ubicada en la otra punta, el primer hijo de puta, el que reclamaba el caudillo urgente, alza derechamente la mano derecha: ya vamos a volver: frunce menos las cejas que las nalgas. Y otra vez, todos, al unísono: “un gusto (a mierda en la boca)”.

Evidentemente mis desencuentros con el almanaque son mucho más serios de lo que pensaba. Sospecho que no falta una semana para el 24 de marzo, sospecho que todavía no nací, sospecho que faltan todavía cuarenta años.

jueves, 10 de marzo de 2011

Biografías

MATEO

Mateo era ciego desde antes de abrir sus ojos, desde la panza tibia. Siempre había sentido la necesidad de ser importante, en realidad mucho más que eso: le urgía sentirse la persona más importante en la vida de alguien (aunque fuera en la suya).  Saberlo, vivirlo, la única solución para la soledad cabía en ese gesto egoísta, en esa sensación sin nombre, típica de cualquiera que vive solo.
Mateo un día le pateó un penal a Goycoechea en un balneario (con su pelota de sonajeros).
Mateo un día escribió un poema braile y cursi.
Mateo un día tuvo su primera certeza: “las lasagnas de mi abuela son la gloria”.
Mateo un día se sacó una foto con una chica preciosa, y la colgó con una chinche en la cabecera de su cama, para recordarla todas las noches.
Mateo un día descubrió la comodidad de una cama de hospital (aunque sin fotos), la calidez de una sangre con leucemia.
Mateo un día pensó en matarse, pero escuchó una canción que le impidió seguir pensando.
Mateo un día no pudo llorar.
Mateó un día encontró una voz y unas palabras.
Mateo un día oyó dos verdades: “Pelé debutó con un pibe”; “Hola, yo soy Cora”.
Mateo un día probó el caldo de gallinas más sabroso del mundo y un pan sin sal riquísimo, y relativizó la gloria de aquellas lasagnas borrosas.
Mateo un día conoció un cuento de Cortázar, y un chico Pablo y una enfermera de mentiras.
Mateo un día desinfló un suspiro.
Mateo un día cerró los ojos, con una sonrisa blanca, y ese día (y el día anterior, y el otro) una mano le acariciaba la frente fría y entendía que, después de todo, no había sido tan tarde.

Joaquín

Se sentó en el frío,
para respirar,
y tocó  el suelo con las manos.
Eso es la vida asegura Joaquín,
volver del jardín,
Tomar la leche y jugar con el perro color té.
Mirar dibujitos.
Escribirse, de a poco y para siempre.
(autobiografía :)
- Mamá, cuando sea grande quiero ser
Astronauta
O detective.

Francisco

Que trabaja en un local que tiene
Una ventana
que mira a la peatonal,
Francisco.
Francisco, entonces,
No trabaja;
Francisco mira.
Le pagan mucha o poca
Plata
Por ver el mundo desde esa ventana.
Mundo es el sustantivo colectivo de ventana.

Que Francisco no mira;
Que Francisco
cobra por
Ser
Esa ventana:              y todo lo que pasa después del vidrio:
 ventana y rubia
ahora,
ventana y policía al
rato.
(puede ser que, muy rápido,
Más
rápido
todavía,
Los demás también sean Francisco,
Pero
gratuitamente)

Camina o canta,
Francisco

 vive, la vida de otros.
Francisco 

Muere

Su vida esmerilada.















jueves, 3 de marzo de 2011

Palo 4




¿Por qué alguien escribe una canción, le pone el título de “Nosferatu” y se la dedica a Klaus Kinski y no a Max Schreck? Esa es la primera pregunta que a uno le surge cuando lee la lista de temas del disco Único (un disco con pasto por todas partes, pero no sintético, y que no se caracteriza justamente por su techo).  Las posibilidades de tal reacción crecen si uno se llama yo y remonta la acción a una tarde de un domingo 19 de julio de un 2009. Entonces, lo recomendable sería escuchar de qué se trata para satisfacer la curiosidad. De algo sirve, aunque la pregunta queda por ahí, en algún bolsillo del pantalón. La respuesta, en realidad, es evidente, pero uno necesita soluciones explícitas.
Proceder para casos similares: tener paciencia, esperar hasta un recital (de NuestrocrimeN, en este caso) y preguntarle al autor. Se recomienda no tener dudas sobre letras de, por ejemplo, Homero Manzi.
Otra cosa importante: vestir el mismo pantalón del día en que se guardó la pregunta en el bolsillo (si puede no sacárselo, para evitar meterlo al lavarropas en un descuido, mejor) y anotar la consulta con letra grande y clara, preferentemente imprenta mayúscula o en computadora.
Suponga que finalmente sucede todo esto y que el Gerardo Attardi de turno le contesta: vi la película y sentí la necesidad de hacer la canción, era la primera vez que lo veía a Kinski, pero me generó tantas cosas verlo, me transmitió tanto…(o algo parecido). A usted no le quedará otra alternativa que la de retrucar: cuando te veía cantar arriba del escenario pensaba que tenías mucho de Kinski. El cantante sonreirá y agradecerá el ¿cumplido? Pero usted, cuando pase el efecto del alcohol, con la certeza de haber quedado como un imbécil,se quedará pensando: ¿qué mierda quise decir con eso? Tal vez quiso decir que cuando lo escuchó sintió la necesidad de hacer una película.
Es muy probable, suele generar cosas parecidas, por lo que, si rodar una película está fuera de su alcance, intente con un post:





La batería marca el ritmo de una bomba de tiempo la mayor parte del tema (Toto tocando el bajo en vivo, siempre a punto de saltar, pero sin despegarse jamás del piso, también): tic-tac-tic-tac…  pero no explota. Melancolía poderosa es una de las autodefiniciones de la banda, ante la incertidumbre multigenérica. No creo que sea melancolía la palabra, anda más por los pagos solidarios de la nostalgia: la diferencia fundamental de sentir las cosas con una sonrisa en la cara. Solidaridad en el sentido de compadecerse, de tutearse de solo a solo. Desde el nombre de la banda empieza la complicidad, hasta casi todas las letras que le hablan a una segunda persona. Y si el corazón del paliducho chupasangres suena solo como un violín, no es el único: querrás enderezar mi soledad, dice el primer tema. De eso se trata: para que ya no estemos solos, el apellido de la banda.
No estoy hablando de música, no entiendo nada de música: no soy guitarrista, ni siquiera toco la guitarra. Tal vez esté hablando sobre música, y en casos como éste es que agradezco no hablar en latín. Insistiendo sobre el lado menos técnico del arte, el rasgo genérico, el sustento: lo emotivo.  Exactamente aquello que hace casi incomparable al loco Klaus: ¿por qué no Shreck? Por esto, nene.
Si la batería explotara tal vez volaran en mil partes las palabras, las canciones; no es la intención, justamente la respuesta a la soledad existencial (una de las dos cosas que, según Laura Citarella, el tiempo no puede curar) NuestrocrimeN la plantea ahí: quiero darte un regalo, que cambie entera tu suerte, y se me ocurre prestarte un poco de canción para siempre. Cambiá mi suerte, cambiá mi muerte, sigue la canción. Por áhi, cantaba Garay: si no se puede cambiar el final (el otro ítem inmune al tiempo de Laura), banquémonos en el camino, acompañémonos, divirtámonos (porque no todo es tan serio, maquillate, dale, te paso a buscar, caguémonos de risa un rato), pasémosla lindo. Siempre así, en primera plural.  
Se agradece el préstamo, de verdad, pero sepa que tal vez no lo devuelva nunca.

martes, 22 de febrero de 2011

VI

Presión ocular esvástica,
condena al cojo marrón fecal,
vomita chorros de salsa drástica,
que bailan.
Es una fuente al ritmo del himno:
Negro, puto,
Te merecés
 Dos
 Tiros.
Negro forro,
Negro de mierda,
Negro mono porno,
Pero con más sarna.
Negro hijo de puta,
Negro hijo de negra.
Negro, vos, sin tierra, a pesar del color.
Negro murciélago
-batinegro- ,
Negro cornudo.
Bolsa de arena sin nombre,
Se salvan tus dientes porque son blancos
Leche, hasta la garganta.
Agradecé que te blanqueo las palmas de las manos,
Las uso, las gasto, por tu bien,
Negro culo roto:
Para culearte cerraron los ojos,
Se taparon la nariz y pensaron
Que eras una oveja.
Negro negro.